El Reino de los Cielos. Parte II. By Fabian Massa.

El Reino de los Cielos entre nosotros.




Lucas 10 (Nueva Versión Internacional)

Jesús envía a los setenta y dos


1 Después de esto, el Señor escogió a otros setenta y dos para enviarlos de dos en dos delante de él a todo pueblo y lugar adonde él pensaba ir.



Es importante indicar que para los judíos, setenta y dos personas son un simbolismo de “Pueblo”, a mi entender el mensaje sería: “Jesús no solo envió a los apóstoles (Hoy serían “Los Pastores”) sino que también eligió de entre los demás discípulos a setenta y dos  (hoy podrían ser los miembros de la Iglesia que están comprometidos)


Los discípulos habían sido enviados por el Maestro, llenos del Poder del Reino y este poder estaba encerrado en el Nombre de Jesús.  Es tan hermoso poder ir a cumplir con este mandato. En las Iglesias hay mucha actividad, sobre todo en las grandes: Muchísimas reuniones, muchas clases, a lo que hay que sumar la actividad normal de cada uno, como ser el trabajo, el estudio, la casa o una combinación de las tres. El riesgo es entonces, llenarse de reuniones dentro de la Iglesia y quedarse sin tiempo para hacer lo que Jesús ordenó, como anunciarle a los necesitados que “El Reino de los Cielos” está cerca o tener un tiempo para “zambullirse” en La Escritura.

Entonces, si uno no selecciona bien las actividades o no administra bien el tiempo, aunque haga muchas cosas, no hace lo que tiene que hacer, y así uno va perdiendo el foco de la cuestión; la fe se va “enfriando” y uno corre el riesgo de transformarse  en un “Religioso”.


Yo tuve el privilegio de ser enviado algunas veces a visitar enfermos y a orar por ellos. Voy a contarles tres testimonios en los cuales vi la poderosa mano de Dios:


Primer caso


Una vez, hace un par de años atrás, un sábado al mediodía nos llamó por teléfono nuestro pastor, para pedirnos a mi esposa y a mí que fuéramos a visitar a un matrimonio que tenía a su hijo más chiquito (de 7 u 8 meses) internado en la unidad de Terapia Intensiva del Hospital de Niños de Vicente López. El pedido era urgente, porque según la pediatra de cabecera y jefa de Terapia Intensiva del Hospital, al chiquito le quedaban solo horas de vida y los padres estaban pasando un momento terrible. Así que fuimos rápidamente para allá y hablamos un poco con los padres. En estas situaciones es muy poco lo que se puede decir, así que les presentamos a Jesús y el plan de Salvación y los invitamos a orar por el bebé.


Los padres pidieron permiso al médico de Terapia para que yo pudiera pasar y orar por el chiquito. El médico accedió y me dio dos minutos. Pasé a la sala, me higienicé y me hicieron colocar la bata, los guantes y el barbijo. El nene era un gordito hermoso, estaba dormido (inducido farmacológicamente) y todo entubado. Le  toque un piecito y estaba helado, todo el cuadro era desalentador. Me quedaba un minuto, así que cerré los ojos y me puse a orar pidiéndole a Dios por la vida de ese bebé.


Una enfermera me toco el brazo y tuve que salir. Mi esposa y yo salimos del Hospital en silencio, les habíamos pedido a los papás un número de teléfono para llamarlos al día siguiente. El pastor nos había pedido que les hiciéramos un seguimiento y estemos dispuestos a apoyar a la familia si sobrevenía la muerte del bebé. Finalmente llegó el domingo, teníamos que llamar al matrimonio y estábamos dilatando el momento. En el fondo no queríamos escuchar que el chiquito había fallecido.

Finalmente a primeras horas de la tarde tomamos coraje y llamamos a la familia. Nos atendió la abuela, contenta y agradecida, porque su nieto vivía. Fue un momento de gran alegría y de reconocimiento al Señor. La abuela nos contó que cuando la pediatra de cabecera tomó la guardia el domingo a las 07.00hs. lo primero que hizo fue acercarse a la camita donde estaba el bebé, cuando lo encontró bien, le dio el traslado a una salita intermedia. Estaba tan contenta que invitó a todo el equipo de terapia y a los papás a tomar un café con leche en el barcito interno del hospital.


El segundo caso


También fue un chiquito, de una familia conocida de mi amigo Gerardo Vacca Ezquerro. En esta oportunidad el bebe estaba internado en la terapia intensiva del Hospital de Clínicas.

Gerardo me contó el caso, el bebé tenía solo días, había nacido prematuro y el problema era que tenía los pulmones llenos de mucosidad, a tal punto que apenas podía respirar y esto con ayuda mecánica. Como era muy pequeño, no lo podían medicar.


Llegamos a las 21.00hs. La médica jefa del servicio nos atendió amablemente, nos contó que el bebé estaba muy delicado, pero no nos permitió pasar: Las normas del hospital solo permitían las visitas de los padres. Con Gerardo oramos unos minutos poniendo nuestras manos contra la pared y nos fuimos, no podíamos hacer más.

Tres semanas después nos enteramos como siguió la historia: La misma noche en la que fuimos al hospital, alrededor de las 00.00hs, el bebé empezó a expectorar la mucosidad que obstruía sus pulmones. Hacia las 04.00hs de la madrugada el bebé respiraba normalmente y ya no tenía fiebre. Esa misma mañana lo cambiaron a una salita intermedia y a la semana estaba de alta en la casa.


El tercer caso


Se trata de la historia de Jorge, un hombre de unos 40 años, conocido de Gerardo, que estaba pasando junto a su familia un momento terrible. Gerardo quería visitarlo y me pidió que lo acompañe. Así que concertamos una entrevista un sábado a media tarde y fuimos a verlo. Jorge nos contó cómo es su vida: Es padre de familia, su esposa tiene 36 años y tienen dos hijas una de 14 y la otra de 12 años. Es dueño de una fábrica en expansión, tiene su piso en un barrio acomodado de Buenos Aires y una hermosa casa en un Country en las afueras. El maneja su 4 x 4 y su esposa la suya. Sus hijas estudian en un colegio privado top de Palermo.


Pero en la intimidad del hogar, las cosas no estaban tan bien. El era adicto al trabajo y eso hacía que desatendiera a su esposa e hijas. Había tratado de compensar esto con un mayor aporte de cosas materiales: Vacaciones, regalos, ropa, caprichos. Esto funcionó un breve tiempo, pero luego afloraron nuevamente las necesidades de su familia, generando roces y reclamos de atención.


Jorge siguió con su rutina de 14hs en la fábrica de lunes a sábados, para “asegurar” su futuro. A sus ojos, él era un padre de familia ejemplar, que no hacia faltar nada a los suyos; si no estaba en casa era “porque estaba trabajando y no de fiesta”, de esta forma se justificaba. Las cosas siguieron así, hasta que un día Jorge se empezó a sentir muy cansado y ya no podía ir a trabajar de corrido, sino que se presentaba en la fábrica de a ratos y la mayor parte del tiempo hacia llamados telefónicos o enviaba mail desde su dormitorio.


Finalmente decidió consultar a un profesional. El médico lo escuchó, lo revisó y en principio le diagnosticó una infección urinaria. Le recetó medicamento y le pidió toda una serie de estudios. Una semana después Jorge llevó los estudios al galeno y este le dijo que era lo que pasaba: El riñón derecho le funcionaba al 30%. El riñón izquierdo salía en las imágenes con una gran mancha, tan densa que el tomógrafo computado no llegaba a penetrarla.


El diagnóstico era terrible: Solo le funcionaba el riñón derecho y el izquierdo parecía tener tumor muy denso. El tratamiento propuesto por el médico fue el siguiente: Extirpar el riñón izquierdo, empezar un tratamiento de diálisis y anotarse en la lista para un trasplante de riñón. Jorge estaba destrozado, toda su realidad y sus planes para el futuro se esfumaron en 30 segundos. Hicieron una segunda tomografía del riñón izquierdo, pero la “sombra” era tan densa que el estudio no revelaba nada. Le cambiaron la medicación y le ordenaron una tercera tomografía. Si esta no salía bien, tendrían que operar y fijarse que era lo que pasaba.

Hablamos un rato largo con Jorge, le presentamos a Jesús y su obra redentora por la humanidad. Hizo la oración de entrega de corazón.

En ese momento El Señor me dio una palabra específica para Jorge, le recité los primeros versículos de Génesis 1:


En el principio creó Dios los cielos y la tierra.  La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo] y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.     3 Dijo Dios: «Sea la luz». Y fue la luz.  4 Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Génesis 1.1-4  (Reina-Valera 1995)


Entonces le dije:


“Dios es quien te da todas las cosas, pero tu vida, al igual que toda la Creación antes de que Dios la empezara a “ordenar por medio de su Palabra”, está desordenada y vacía de sentido, porque tus dioses son el trabajo y el dinero.


Estás basando tu “seguridad” en lo material y ya ves que pronto las cosas pueden cambiar, una “sombra de muerte” cubre tu riñón y toda tu vida y la de tu familia está sumergida en el temor y la inseguridad sobre lo que pueda pasar.

“La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo” hasta que Dios soltó su Palabra: «Sea la luz,… Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. ».  De la misma manera sea ahora, has recibido La Palabra de Dios y has confesado a Jesús como tu salvador, por lo tanto en el Nombre de Jesús reprendo a toda sombra de muerte sobre tu vida y la hecho fuera, por la Palabra de Dios que dice: “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”[1]. Así resplandezca la luz de Jesús en tu vida y te sane, para gloria de Su Nombre.”


El martes por la mañana, Jorge fue a hacerse la 3° tomografía, la mancha había desaparecido y pudieron observar un pequeño cálculo que obstruía la uretra, esa era la razón por la que no podía orinar bien, la acumulación de orina producía la infección urinaria y como no evacuaba, no terminaba de irse. Lo que nunca pudieron explicar fue lo de la “sombra” que se fue y nunca más volvió. A Jorge le cambiaron la medicación y en dos semanas estaba de alta, ¡¡Gloria a Dios!!


A pesar de este milagro en su vida, ni Jorge ni su esposa quisieron venir a la Iglesia.


En Reino de los Cielos se acercó a estas tres familias y les cambio “su lamento en baile”.

Ellos recibieron su milagro y nosotros fuimos testigos de cómo La Palabra de Dios está vigente siempre, como dice Jesús: “…La Escritura no puede ser quebrantada”[2]

En esto consiste la seguridad de los que vivimos en El Reino.



[1] San Juan 1.5 VRV 60
[2] San Juan 10.35 B

Comentarios

  1. Maravillosos testimonios !!!!!!!!! gloria a Dios !!!!!!!!!! Liliana

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