No debiste…..By Fabian Massa

El Juicio del Señor a Edom

   Un poco de historia.



En Isaías 34, El Señor dicta una dura sentencia contra Edom. Para entender la causa necesitamos ir un poco más atrás en la línea del tiempo. El territorio de Edom se ubica  en las montañas al este de Uadi Arabá, en la frontera meridional de Jordania e Israel, extendiéndose hasta el norte de la península arábiga. 


Edom ocupaba la región montañosa al sureste del Mar Muerto, llamada originalmente Monte de seir (significa velludo) otra alusión al nombre de Esaú que significa velludo, como un abrigo de piel ver (Génesis 25:25) y más tarde conocida con el nombre de Idumea. Región montañosa y extremadamente abrupta, su capital fue la ciudad de  Petra. El rey David obtuvo una victoria decisiva sobre los edomitas en el valle de la Sal. (2Sa 8:13; en el Valle de la Sal.) Aunque no se especifica qué acción provocó la batalla, probablemente se debió a una agresión edomita. En 1 Crónicas 18:12 y en el encabezamiento del Salmo 60 se atribuye esta victoria sobre los edomitas a Abisai y a Joab respectivamente:
1. Del maestro de coro. Según «El lirio del testimonio». A media voz. De David. Para enseñar. 2. Cuando luchó contra Aram de Naharáyim y Aram de Sobá, y Joab, de vuelta, derrotó a Edom, en el valle de la Sal: doce mil hombres. Salmo 60, Biblia de Jerusalen.
David puso guarniciones en Edom después de conquistar ese país (1 Cronicas 18:13). Los edomitas ayudaron a Israel y a Judá en su lucha contra el rey de Moab, pero bajo el reinado del hijo de Jeroboam se rebelaron. Joram no pudo dominarlos (2 Reyes 8:20 22); Amasías lo logró en el valle de la Sal y tomó Sela, la capital (2 Reyes 14:7 ; 2 Cronicas 25:11 , 12). Fecha c. 1000 a.C.
Edom e Israel tuvieron una relación tirante desde el nacimiento de Jacob y Esaú (Gen. 25.26)
Cuando en el año 586 Babilonia arrasa Jerusalén, los Edomitas participaron activamente como aliados de Babilonia, matando, saqueando y entregando a los sobrevivientes al enemigo:
Hemos oído una noticia de parte del Señor y un mensajero ha sido enviado a las naciones, diciendo: «¡Vamos, marchemos a la guerra contra ella!» Así dice el Señor omnipotente acerca de Edom: «¡Te haré insignificante entre las naciones,     serás tremendamente despreciado! Tu carácter soberbio te ha engañado. Como habitas en las hendiduras de los desfiladeros, en la altura de tu morada….

Y un poco más adelante agrega:

10 »Por la violencia hecha contra tu hermano Jacob, te cubrirá la vergüenza  y serás  exterminado para siempre. 11 En el día que te mantuviste aparte, en el día que extranjeros llevaron su ejército cautivo, cuando extraños entraron por su puerta  y sobre Jerusalén echaron suerte, tú eras como uno de ellos. 12 No debiste reírte de tu hermano en su mal día, en el día de su desgracia. No debiste alegrarte a costa del pueblo de Judá en el día de su ruina.
No debiste proferir arrogancia en el día de su angustia. 13 No debiste entrar por la *puerta de mi pueblo
 en el día de su calamidad. No debiste recrear la vista con
su  desgracia  en el día de su calamidad. No debiste echar mano a sus riquezas en el día de su calamidad.14 No debiste aguardar en los angostos caminos para matar a los que huían. No debiste entregar a los sobrevivientes  en el día de su angustia.
Abdías 1 Nueva Versión Internacional (NVI)

 

2.       Esta situación provocó la ira de Dios sobre Edom y un Juicio terrible de calamidad:
1. Acercaos, naciones, a oír, atended, pueblos; oiga la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y cuanto en él brota,
2. que ira tiene Yahveh contra todas las naciones, y cólera contra todas sus mesnadas. Las ha anatematizado, las ha entregado a la matanza.
3. Sus heridos yacen tirados, de sus cadáveres sube el hedor, y sus montes chorrean sangre;
4. se esfuma todo el ejército de los cielos. Se enrollan como un libro los cielos, y todo su ejército palidece como palidece el sarmiento de la cepa, como una hoja mustia de higuera.
5. Porque se ha emborrachado en los cielos mi espada; ya desciende sobre Edom y sobre el pueblo de mi anatema para hacer justicia.
Isaías, 34[1] Biblia de Jerusalén.
La lección para nosotros hoy es comprender los “No debiste” que El Señor le recriminó a Edom, para no caer en el mismo pecado:


        I.            No debemos reírnos de nuestro prójimo en el día de su desgracia.
      II.            No debemos alegrarnos por la ruina de nuestros contrarios.  
    III.            No debemos alegrarnos en el día de su angustia.
    IV.            No debemos aprovecharnos de nadie cuando cae en desgracia.
      V.            No debiste recrear la vista con la desgracia de nadie.
    VI.            No debemos echar mano a sus riquezas en el día de su calamidad.
  VII.            No debemos tratar de agravar las cargas de los que están en problemas
VIII.            No debemos condenar a nadie.


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