Persecuciones a los cristianos en los siglos I a II


Introducción

Antes de empezar con el tema propiamente dicho es necesario tener en cuenta algunos detalles históricos que nos ayudarán a entender mejor los hechos. De acuerdo al evangelio de San Lucas (2.2) el nacimiento de Cristo tuvo logar en Belén en tiempos del emperador Cesar Augusto.
           
A.     Las Primeras Persecuciones

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Cesar Augusto. 

En la época de Jesús, el pueblo judío estaba sometido al poder romano que ejercía su dominio a través de su procurador o gobernador. Las autoridades romanas exigían tributos personales y territoriales para el César, y aportes en especie para el mantenimiento de sus tropas de ocupación. Las primeras comunidades cristianas vivieron en este mundo judío-romano, o simplemente pagano. Es conveniente conocer este mundo para captar la novedad de Jesús, de sus opciones y compromisos; el carácter inevitablemente hiriente de su denuncia profética, el alcance de su anuncio: «se ha cumplido el plazo, ya llega el reinado de Dios, Enmiéndense y tengan fe en esta buena noticia» (Marcos 1, 15). La actuación de Jesús de Nazaret afectó de un modo u otro la vida palestinense, sus instituciones, sus distintos grupos sociales, religiosos, y la política por entonces ligada con la religión. Cuando se escribieron los evangelios canónicos habían transcurrido por lo menos de 35 a 60 años desde la muerte de Jesús. El ambiente cultural en que los evangelios se escribieron tiene un universo conceptual y simbólico, y modos de expresión muy diferentes al de nuestros días.

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Escribas de La Pasion de Mel Gibson.

Jesús estaba en contra de las «inmoralidades, robos, homicidios, adulterios, codicias, perversidades, fraudes, desenfreno» (Marcos 7,20-23) que existían en Palestina. No aprobó que los romanos opriman al pueblo judío. Pero en esos tiempos, quienes imponían cargas más pesadas al pueblo, desasistiéndolo y arrojándolo a la pobreza, impotencia y desesperanza eran los jefes religiosos-políticos de su pueblo que, según Jesús, en lugar de ser pastores eran «ladrones y bandidos asalariados (Mateo 23 los Ayes contra los fariseos)». Jesús escuchó los clamores de los marginados por la religión y sociedad de su pueblo, y optó por ellos aún a costa de su vida. En los territorios pequeños conquistados por los ejércitos romanos, el emperador desde Augusto, año 29 antes de Cristo, nombraba a un Prefecto o gobernador como su representante para dirigirlo todo. Desde los años 6 al 41 el Prefecto de Judea fue llamado Procurador. El Procurador romano de Judea tiene el supremo poder militar, aunque depende del Legado romano de Siria. Es también el agente de finanzas del emperador romano, recoge la totalidad de los impuestos que los judíos tienen que pagar al fisco imperial romano. Bajo sus órdenes están los recaudadores de impuestos, respaldados por sus soldados. La justicia ordinaria la ejerce el Sanedrín, pero el Procurador romano se reserva la ejecución de la pena de muerte.

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Poncio Pilatos La Pasión.

El Procurador reside en Cesarea, pero en las fiestas acude a Jerusalén y vive en la ciudadela militar llamada Torre Antonia, edificada en el ángulo nordeste del Templo, donde habitualmente reside la guarnición romana (una cohorte) de Jerusalén. Era un sitio estratégico desde donde era fácil controlar a la multitud que acudía al Templo. Desde los años 6 al 41 el Procurador Romano nombró en ocho ocasiones al Sumo Sacerdote. Poncio Pilato fue Procurador romano desde el 26 al 35. Procurador frío y hostil a los judíos, poco comprensivo con sus tradiciones religiosas provocó una resistencia no violenta cuando con engaño introdujo en Jerusalén, ciudad sagrada de los judíos, estandartes con la imagen del emperador. Exigió a los judíos que le entregaran dinero del tesoro del Templo para construir un acueducto que resolviera el problema del agua en Jerusalén.
De nuevo los judíos se alzaron, pero Pilato, con ayuda de sus soldados, disfrazados y mezclados con la multitud, pudo reprimir el motín, aporreando y matando a muchos, y ultimar la obra. Lucas 13,1 parece aludir a este hecho diciendo que Pilato había mezclado la sangre de unos galileos con las víctimas que ofrecían. Lucas coloca su narración dentro del marco de la historia de Palestina, al decirnos que estos hechos sucedieron “en los días de Herodes, rey de Judea” (Lucas 1:5).

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El territorio del relato bíblico siempre fue conflictivo: Esta en medio de las dos grandes rutas comerciales que unen la Mesopotamia con Egipto. Por lo tanto estaba en medio de los imperios que se sucedieron en esas dos regiones, pasando de estar en poder de uno al otro, salvo en el glorioso período del Reino de David y Salomón, donde Israel fue una Nación soberana. Un hecho importante fue la conquista de Alejandro Magno de toda la región hacia el siglo IV a.C., al derrotar a los persas, Alejandro se hizo dueño de Palestina. Alejandro murió en el año 323 a.C., y siguieron entonces largos años de inestabilidad política. Alejandro no tenía ningún heredero legítimo y obvio. En su lecho de muerte, sus generales le preguntaron a quién legaría su reino. Se debate mucho lo que Alejandro respondió: algunos creen que dijo Krat’eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater’oi (‘a Crátero’). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada. Crátero no estaba presente, y los otros pudieron haber elegido oír Krat’eroi, ‘el más fuerte’. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo. Entonces, el imperio se dividió entre sus sucesores (los diádocos).
Todos sus familiares y herederos, tanto su madre Olimpia, su esposa Roxana, su hijo Alejandro, su amante Barsine y su hijo Heracles, fueron mandados asesinar por Casandro, lo que llevó a la extinción de la dinastía Argéada. A pesar de los intentos de mantener unificado el Imperio macedónico, éste acabaría por dividirse en varios reinos independientes que fundaron sus dinastías:
·         Dinastía Tolemaica: Tolomeo se convirtió desde un primer momento en gobernante de Egipto y se mantuvo aislado y estable desde el principio.
·         Dinastía Antigónida: con centro en Macedonia y con el hijo de Antígono Monoftalmos, Demetrio como rey; esta dinastía conquistó su reino a Casandro y ocupó también Grecia.
·         Dinastía Seléucida: Con base en Mesopotamia y Siria, Seleuco dominó después un territorio más amplio, ya que se adueñó de Asia que estaba en poder de Antígono.
Lisímaco obtuvo Tracia y Asia Menor pero no logró fundar una dinastía ni consolidar sus dominios. Después de un tiempo, empezaron las rivalidades entre Egipto y Siria, disputándose permanentemente el territorio hoy conocido como palestina. El propósito de Alejandro no era sencillamente conquistar el mundo, sino unir a toda la humanidad bajo una misma civilización de tonalidad marcadamente griega, un claro intento de establecer un “Nuevo Orden Mundial”: El helenismo.
Puesto que parte de la ideología helenista consistía en sincretizar las religiones paganas locales y fundirlas con la religión griega, los judíos veían en él helenismo una seria amenaza a la fe en el Dios único de Israel. Por ello, la historia de Palestina desde la conquista de Alejandro hasta la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. puede verse como el conflicto constante entre las presiones del helenismo por una parte y la fidelidad de los judíos a su Dios y sus tradiciones por otra. Para estudiar y comprender bien esta parte de la historia de Palestina, es necesario leer los libros de Macabeos I y II[1]. Los Macabeos combatieron al helenismo hasta el año 63 en que el Gral. Pompeyo conquista esa región para Roma. Si bien los romanos eran tolerantes con las religiones de los pueblos conquistados (a ellos les importaba el orden político, el cobro de los tributos y el apoyo militar para sus campañas) hay un factor del judaísmo que los molestaba mucho: Los judíos se negaban a aceptar como dios a su Cesar. En el caso de los cristianos, el rechazo era aún mayor que el de los judíos. Esto para los romanos era sencillamente subversión política y era tratado como alta traición: A los condenados les cabía la pena de muerte.
Cuando Jesús era niño judíos se rebelaron contra el etnarca Arquelao, quien tuvo que recurrir a las tropas romanas. Esas tropas, al mando del general Varo, destruyeron la ciudad de Séforis, capital de Galilea y vecina de Nazaret, y crucificaron a 2000 judíos. Otra gran rebelión contra Roma la llevaron a cabo los Zelotes en el años 66. Esta vez la revuelta judía fue aplastada por el Gral. Tito en el año 70 d.C. Según Flavio Josefo en esta ocasión murieron casi 1.000.000 de judíos (la intención de Roma era “Borrar de la faz de la tierra el problema Judío”)
A esta destrucción se refirió Jesús en su profecía contra Jerusalén:
1. Salió Jesús del Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo.
2. Pero él les respondió: «¿Veis todo esto? Yo os aseguro no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida[2].» Mateo 24.1 – 2 Biblia de Jerusalén.
Frente a todas estas situaciones (invasiones, opresión política, económica, militar  y religiosa) puede entenderse la posición ultraconservadora de los fariseos. Los fariseos eran el partido del pueblo, que no gozaba de las ventajas materiales acarreadas por el régimen romano y el helenismo. Para ellos lo importante era asegurarse de cumplir la Ley aun en los tiempos difíciles en que estaban viviendo.

Fariseos
Los fariseos (del hebreo perushim, de parash, «separar») era una comunidad judía que existió hasta el segundo siglo de la presente era. Surgieron en la cautividad babilónica (587 a. C.-536 a. C.). Algunos sitúan su origen durante la dominación persa o los consideraban sucesores de los hasidim (devotos). Se definieron como partido durante la revuelta de los macabeos contra los invasores seleucidas (167 – 165 a. C.). Fueron coetáneos de saduceos, esenios y zelotes. Este grupo es citado numerosas veces en los Evangelios del Nuevo Testamento.
Saduceos
Los saduceos (en hebreo  tsedduqim), también conocidos como zadokitas, son los descendientes del Sumo Sacerdote Sadoq,1 de la época de Salomón. El nombre de Sadoq significa «justicia» o «rectitud», por lo quesaduceos puede interpretarse como justos o rectos.
Podría ubicarse su génesis como un partido político en el siglo II a. C.; desaparece en algún momento después del siglo I a. C. Se dice de sus rivales, los fariseos, que se originaron en el mismo periodo, pero que sobrevivieron como posteriores agrupaciones del Judaísmo Rabínico. Caifás era saduceo. Desde su cargo de sumo sacerdote fue responsable –según el Nuevo Testamento– del enjuiciamiento y sentencia de Jesucristo.
Esenios.
Los esenios (del griego «Εσσηνοι») eran un movimiento judío, establecido probablemente desde mediados del siglo II a.C., tras la revuelta macabea y cuya existencia hasta el siglo I está documentada por distintas fuentes. Sus antecedentes inmediatos podrían estar en el movimiento hasideo. Se cree que el surgiemiento de este grupo fue un sisma entre los fariseos. Sobre el origen de la palabra esenios se han tejido varias hipótesis: puede provenir de la palabra “santos” en griego «ὅσιος» ossa, o ser una referencia a “los piadosos” hasidei, en arameo hesé. Escritos árabes se refieren a ellos comomagaritas, “de las cuevas”.


Zelotes
Los zelotes o zelotas fueron un movimiento político-nacionalista en el Israel del siglo I fundado por Judas el Galileo poco después de nacer Jesús. El nombre (del hebreo qanaim, “celar”) se refiere al celo por Yahvé guardado por sus miembros. Los Emmanueles fueron la facción más violenta del judaísmo de su época, enfrentándose frecuentemente a otras facciones como los fariseos o saduceos, a quienes acusaban de tener “celo por el dinero”. El vocablo zelota ha pasado a ser sinónimo en varios idiomas de intransigencia o radicalismo militante.
El judaísmo en la dispersión
La Diáspora o la dispersión de los judíos comenzó dos siglos antes de Cristo. Los judíos estaban diseminados por toda la región de Persia y Mesopotamia. También había colonias judías importantes en Alejandría (Egipto) y en varias ciudades importantes del imperio Romano, en casi todas las ciudades mediterráneas había una sinagoga. El imperio toleraba bastante bien  a estas comunidades. Es importante notar que Pablo durante sus misiones, siempre comenzaba su predicación en las sinagogas. Los judíos de la diáspora fueron los que se ocuparon de la traducción del A. T. al griego. Este judaísmo se distinguía de su congénere en Palestina principalmente por dos características: su uso del idioma griego, y su contacto inevitablemente mayor con la cultura helenista. En el siglo primero eran muchos los judíos, aun en Palestina, que no usaban ya el antiguo idioma hebreo. Mientras en palestina se hablaba el arameo, en la diáspora el idioma corriente era el griego. Los primeros cristianos también aprovecharon esta “lengua franca” para la difusión del cristianismo. La biblia usada por los primeros cristianos fue la Septuaginta o de los LXX. El uso que los cristianos hicieron de esta versión fue tal y tan efectivo que los judíos se vieron obligados a producir nuevas versiones —como la de Aquila— y a dejar a los cristianos en posesión de la LXX.


La persecución de la iglesia primitiva en Judea.
La primera persecución que sufrió la iglesia de Cristo fue en Palestina a manos de los fariseos. A causa de esta persecución, el evangelio se expandió fuera de Israel.
                

El martirio de Esteban. Hechos 6.8 a 8.1
Queda claro que la denuncia contra Esteban fue hecha por causa de la envidia que tenían los religiosos judíos del favor de Dios sobre él, de las manifestaciones poderosas del  Espíritu Santo y del amor que el pueblo sentía por Esteban. Lo acusaron frente al Sanedrín de blasfemia contra Moisés y la Ley. En el capítulo VII Esteban hace su defensa, la cual va bien hasta que echa en cara a los religiosos su religiosidad:
48 »Sin embargo, el Altísimo no habita en casas construidas por manos humanas. Como dice el profeta:
49 »“El cielo es mi trono,
51 »¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos![l] Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo! 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo, y ahora a éste lo han traicionado y asesinado 53 ustedes, que recibieron la ley promulgada por medio de ángeles y no la han obedecido.
Muerte de Esteban
54 Al oír esto, rechinando los dientes montaron en cólera contra él. 55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la *derecha de Dios.
56 —¡Veo el cielo abierto —exclamó—, y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios!
57 Entonces ellos, gritando a voz en cuello, se taparon los oídos y todos a una se abalanzaron sobre él, 58 lo sacaron a empellones fuera de la ciudad y comenzaron a apedrearlo. Los acusadores le encargaron sus mantos a un joven llamado Saulo.
59 Mientras lo apedreaban, Esteban oraba.
—Señor Jesús —decía—, recibe mi espíritu.
60 Luego cayó de rodillas y gritó:
—¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado!

Cuando hubo dicho esto, murió. NVI

                Si miramos el libro de los Hechos, percibimos claramente que el peso de la acción misionera de la iglesia se trasladó fuera de Palestina, en primer lugar a la “provincia de Asia” del Imperio Romano (hoy Turquía). En esta región, más Chipre, y Grecia se desarrolló la labor misionera de Pablo. Aparte de la primera persecución en Palestina, hubo diez persecuciones más:

1 Primera persecución por Roma, Siglo I:

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En el año 67, bajo Nerón, el sexto emperador de Roma. Este monarca reinó por el espacio de cinco años de una manera tolerable, pero luego dio rienda suelta al mayor desenfreno y a las más atroces barbaridades. Se cree que, él ordenó que la ciudad de Roma fuera incendiada. Cuenta la tradición que, mientras la ciudad imperial estaba en llamas, subió a la torre de Mecenas, tocando la lira y cantando el cántico del incendio de Troya, declarando abiertamente que ”deseaba la ruina de todas las cosas antes de su muerte”. Además del gran edificio del Circo, muchos otros palacios y casas quedaron destruidos; varios miles de personas perecieron en las llamas, o se ahogaron en el humo, o quedaron sepultados bajo las ruinas. La mayoría de las casas de Roma eran de madera, de manera que el fuego se tornó incontrolable y arrasó barriadas enteras. El incendio duró seis días completos. Otras fuentes dicen que se extendió por nueve días. La culpa le fue echada a los cristianos esta fue la causa de la primera persecución. Los castigos y brutalidades cometidas contra los cristianos fueron tan terribles que  llegaron incluso movieron a los mismos romanos a compasión. Nerón incluso refinó sus crueldades e inventó todo tipo de castigos contra los cristianos que pudiera inventar la más infernal imaginación. En particular, hizo que algunos fueran cosidos en pieles de animales silvestres, antojándolos a los perros hasta que expiraran; a otros los vistió de camisas atiesadas con cera, atándolos a postes, y los encendió en sus jardines, para iluminarlos. Esta persecución fue general por todo el Imperio Romano; pero más bien aumentó que disminuyó el espíritu del cristianismo. Fue durante esta persecución que fueron martirizados Pablo y Pedro. Otros mártires de esta persecución:
·         Erasto, tesorero de Corinto
·         Aristarco, el macedonio
·         Trófimo, de Éfeso, convertido por San Pablo.
·         Josés, comúnmente llamado Barsabás.
·         Ananías, obispo de Damasco.


2.       La Segunda persecución, bajo Domiciano, el 81 d.C

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El emperador Domiciano, de natural inclinado a la crueldad, dio muerte primero a su hermano, y luego suscitó la segunda persecución contra los cristianos. En su furor dio muerte a algunos senadores romanos, a algunos por malicia, y a otros para confiscar sus fincas. Luego mandó que todos los pertenecientes al linaje de David fueran ejecutados. Entre los numerosos mártires que sufrieron durante esta persecución estaban:
·         Simeón, obispo de Jerusalén, que fue crucificado.
·     San Juan, que fue torurado, y luego desterrado a Patmos.
Flavia, hija de un senador romano, fue asimismo desterrada al Ponto; y se dictó una ley diciendo: ”Que ningún cristiano, una vez traído ante un tribunal, quede exento de castigo sin que renuncie a su religión“. Lo que se buscaba era la apostasía de los creyentes.
Durante este reinado se redactaron varias historias inventadas, con el fin de dañar a los cristianos. Tal era el apasionamiento de los paganos que si cualquier hambre, epidemia o terremotos asolaban cualquiera de las provincias romanas, se achacaba a los cristianos. Estas persecuciones contra los cristianos aumentaron el número de informadores, y muchos, movidos por la codicia, testificaron en falso contra las vidas de los inocentes.
Otra dificultad fue que cuando cualquier cristiano era llevado ante los tribunales, se les sometía a un juramento de prueba, y si rehusaban tomarlo, se les sentenciaba a muerte, mientras que si se confesaban cristianos, la sentencia era la misma.
Los siguientes fueron los más destacables entre los numerosos mártires que sufrieron durante esta persecución:
Dionisio, el areopaguita, era ateniense de nacimiento, y fue instruido en toda la literatura útil y estética de Grecia. Llegó a ser Obispo de Atenas.
Nicodemo, un benevolente cristiano de alguna distinción, sufrió en Roma durante el furor de la persecución de Domiciano.
Protasio y Gervasio fueron martirizados en Milán.
Timoteo, el célebre discípulo de San Pablo, obispo de Éfeso. Murió apaleado por una turba en el 97 d.C.


3.       La tercera persecución, bajo Trajano, 108 d.C. Siglo II

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 En la tercera persecución, Plinio el Joven, hombre erudito y famoso, escribió una carta de queja a Trajano, por los miles de cristianos que eran muertos a diario, que no habían hecho nada contrario a las leyes de Roma, por lo que no merecían persecución. Adriano, el sucesor de Trajano, prosiguió esta tercera persecución con tanta severidad como su sucesor. Alrededor de este tiempo fueron martirizados:
·         Ignacio, que había sido designado al obispado de Antioquia, siguiendo a Pedro en sucesión. Algunos dicen que al ser enviado de Siria a Roma, porque profesaba a Cristo, fue entregado a las fieras para ser devorado.
·         Alejandro, obispo de Roma, y sus dos diáconos; también Quirino y Hermes, con sus familias.
·         Zeno, un noble romano, y alrededor de diez mil otros cristianos.
·         Eustaquio, un valiente comandante romano, con muchos éxitos militares, recibió la orden de parte del emperador de unirse a un sacrificio idolátrico para celebrar algunas de sus propias victorias. Pero su fe (pues era cristiano de corazón) era tanto más grande que su vanidad, que rehusó noblemente. Enfurecido por esta negativa, el desagradecido emperador olvidó los servicios de este diestro comandante, y ordenó su martirio y el de toda su familia.
·        En el martirio de Faustines y Jovitas, que eran hermanos y ciudadanos de Brescia, tantos fueron sus padecimientos y tan grande su paciencia, que el Calocerio, un pagano, contemplándolos, quedó absorto de admiración, y exclamó, en un arrebato: ”¡Grande es el Dios de los cristianos!”, por lo cual fue prendido y se le hizo sufrir pareja suerte.
·        La defensa de la fe: Muchas otras crueldades y rigores tuvieron que sufrir los cristianos, hasta que Quadratus, obispo de Atenas, hizo una erudita apología en su favor delante del emperador, que estaba entonces presente, y Arístides, un filósofo de la misma ciudad, escribió una elegante epístola, lo que llevó a Adriano a disminuir su severidad y a ceder en favor de ellos. Adriano, al morir en el 138 d.C., fue sucedido por Antonino Pío, uno de los más gentiles monarcas que jamás minara, y que detuvo las persecuciones contra los cristianos.
4.       La cuarta persecución, bajo Marco Aurelio Antonino, 162 d.C.

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Marco Aurelio sucedió en el trono en el año 161 de nuestro Señor, era un hombre de naturaleza más rígida y severa, y aunque elogiable en el estudio de la filosofía y en su actividad de gobierno, fue duro y fiero contra los cristianos, y desencadenó la cuarta persecución. Las crueldades ejecutadas en esta persecución fueron de tal calibre que muchos de los espectadores se estremecían de horror al verlas, y quedaban atónitos ante el valor de los sufrientes. Algunos de los mártires eran obligados a pasar, con sus pies ya heridos, sobre espinas, clavos, aguzadas conchas, etc., puestos de punta; otros eran azotados hasta que quedaban a la vista sus tendones y venas, y, después de haber sufrido los más atroces tormentos que pudieran inventarse, eran destruidos por las muertes más temibles.
·         Germánico, un hombre joven, pero verdadero cristiano, siendo entregado a las fieras a causa de su fe, se condujo con un valor tan asombroso que varios paganos se convirtieron a aquella fe que inspiraba tal arrojo.
·         Policarpo, el venerable obispo de Esmirna, se ocultó al oír que le estaban buscando, pero fue descubierto por un niño. Tras dar una comida a los guardas que le habían prendido, les pidió una hora de oración, lo que le permitieron, y oró con tal fervor que los guardas que le habían arrestado sintieron haberlo hecho. Sin embargo, lo llevaron ante el procónsul, y fue condenado y quemado en la plaza del mercado. El procónsul le apremió, diciendo: ”Jura, y te daré la libertad: Blasfema contra Cristo.” Policarpo le respondió: ”Durante ochenta y seis años le he servido, y nunca me ha hecho mal alguno: ¿Cómo voy yo a blasfemar contra mi Rey, que me ha salvado?” En la estaca fue sólo atado, y no clavado como era costumbre, porque les aseguró que se iba a quedar inmóvil; al encenderse la hoguera, las llamas rodearon su cuerpo, como un arco, sin tocarlo; entonces dieron orden al verdugo que lo traspasara con una espada, con lo que manó tal cantidad de sangre que apagó el fuego. Sin embargo se dio orden, por instigación de los enemigos del Evangelio, especialmente judíos, de que su cuerpo fuera consumido en la hoguera, y la petición de sus amigos, que querían darle cristiana sepultura, fue rechazada. Sin embargo, recogieron sus huesos y tanto de sus miembros como pudieron, y los hicieron enterrar decentemente.

·       Metrodoro, un ministro que predicaba denodadamente, y Pionio, que hizo varias excelentes apologías de la fe cristiana, fueron también quemados. Carpo y Papilo, dos dignos cristianos, y Agatónica, una piadosa mujer, sufrió el martirio en Pergamópolis, en Asia.
·       Felicitate, una ilustre dama romana, de una familia de buena posición, y muy virtuosa, era una devota cristiana. Tenía siete hijos, a los que había educado con la más ejemplar piedad.
·       Enero, el mayor, fue flagelado y prensado hasta morir con pesos; Félix y Felipe, que le seguían en edad, fueron descerebrados con garrotes; Silvano, el cuarto, fue asesinado siendo echado a un precipicio; y los tres hijos menores, Alejandro, Vital y Marcial, fueron decapitados. La madre fue después decapitada con la misma espada que los otros tres.
·         Justino, el célebre filósofo, murió mártir en esta persecución. Era natural de Nápolis, en Sarnaria, y había nacido el 103 d.C. Fue un gran amante de la verdad y erudito universal; investigó las filosofías estoica y peripatética, y probó la pitagórica, pero, disgustándole la conducta de uno de sus profesores, investigó la platónica, en la que encontró gran deleite. Alrededor del año 13 3, a los treinta años, se convirtió al cristianismo, y entonces, por vez primera, percibió la verdadera naturaleza de la verdad. Justino tuvo una importante producción literaria:

a.       Epístola a los gentiles, donde daba luz sobre la verdade en el culto cristiano.
b.      Tratado para refutar herejías.
c.       1° Apología
d.      2° Apología, contra Crescente. Esta obra disgustó al emperador, quien ordenó su decapitación.



5.       La quinta persecución, bajo Septimio Severo

Durante su gobierno, las políticas persecutorias contra los cristianos tuvieron continuidad. Cuando alguien era acusado de ser cristiano, esta persona debía maldecir a Jesús y hacer una ofrenda a los dioses romanos o sería ejecutado. Por otra parte, con el deseo de fomentar la paz mediante la difusión de una armonía religiosa derivada del sincretismo, Severo trató de limitar la propagación de los dos grupos religiosos que se negaban a ceder al sincretismo al considerarle una conversión del cristianismo al judaísmo. Por su parte, los funcionarios hicieron uso de las disposiciones legales existentes para proceder con rigor contra los cristianos.
Cayeron numerosos mártires en Alejandría, y también fueron crueles las persecuciones  que tuvieron lugar en África, que parecieron comenzar en 197/8. En África cayeron un gran número de cristianos, como los mártires de Madaura[3]. En 202/3 murieron Felícitas y Perpetua. La persecución floreció de nuevo en las provincias de Numidia y Mauritania en 211. Posteriormente fue en la Galia, especialmente en Lugdunum, donde los cristianos fueron perseguidos de manera más cruel. De forma general, se puede decir que la posición de los cristianos durante el reinado de Severo fue la misma que bajo los de los Emperadores Antoninos; aunque la ley de este emperador demuestra de manera equívoca que el rescripto de Trajano había fracasado en su propósito.

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Santa Perpetua y Santa Felicidad son dos mártires cartaginesas, cuyo martirio se relata en la Passio Perpetuae et Felicitatis. En el año 202, durante la persecución del emperador Septimio Severo, una joven mujer rica de 22 años, llamada Perpetua, fue arrestada y acusada al parecer por cristianismo junto con su esclava Felicidad, y otros 3 más. Ante su negativa a adorar a los dioses paganos, fueron condenadas a muerte en el circo.
Perpetua pertenecía a una rica e influyente familia cartaginesa que se había iniciado en la religión cristiana por medio de un diácono, llamado Sáturo. Con ella se convirtieron también sus esclavos: Felicidad, Revocato, Saturnino y Segundo.
En el año 202 el emperador Severo ordenó una dura persecución contra los cristianos, y la policía imperial arrestó a todos los creyentes de la familia de Perpetua, incluyéndola a ella. Los jueces intentaron convencer a la familia para que volviesen al paganismo, pero ante su negativa decidieron dejarlos en prisión hasta que se organizasen los Juegos. Usando el derecho a una cena de despedida, todos ellos compartieron la Eucaristía la noche anterior a su martirio. Los tres esclavos fueron arrojados a los leones junto con el diácono, que había logrado convertir al cristianismo a uno de los carceleros; mientras que las mujeres fueron decapitadas.
La historia de su martirio fue inmensamente popular en los siglos IV y V: San Agustín dice que la Passio se leía frecuentemente en las iglesias y reuniones, para gran provecho de los creyentes.

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