Zafnat-Panea, el salvador.


Esta es la historia del Gran Zafnat-panea[1].

Hace mucho, mucho tiempo, en el lejano país de Egipto, tuvo lugar una de las historias más apasionantes que encierra la Biblia en el Antiguo Testamento. La Historia de José, hijo de Jacob, a quien Faraón, Rey de Egipto llamó Zafnat-panea al levantarlo de su condición de reo a Administrador[2] de su Reino. Luego de esto, El Gran Egipto le dio por esposa a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.

En Egipto, aunque todos sabían que José había llegado del desierto hacia muchos años atrás, traído por traficantes de esclavos Ismaelitas, nadie sabía su pasado ni por que había llegado allí. Asenat estaba enamorada de su esposo. La había sorprendido la revelación de José con respecto al sueño de Faraón y además  la valentía que tuvo cuando se atrevió a darle consejo, sobre como prever para la época de hambruna. Ella quería conocer cada detalle de su vida, por ello le pidió a su esposo que le contara toda su historia.


Entonces, José empezó a relatar su vida desde el principio:
 “Mi nombre hebreo es José, hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham. Mi madre se llama Raquel, hija de Labán Arameo. Mi padre Jacob tenía, además de mi madre, otra esposa y dos concubinas. Vivíamos en la tierra de Canaán y yo era el undécimo hijo de mi padre y único de mi madre. Aunque era el menor de todos, tenía el favor de mi Padre. A raíz de esto mis hermanos estaban celosos de mí y por lo tanto me causaban continuamente disgustos, mi juventud fue muy dura por que todos mis hermanos, sin excepción, me hacían la vida imposible.
En una oportunidad, mi padre ordeno a mis hermanos llevar las ovejas a pastar a otra región. A los pocos días me ordeno a mí que les llevara algunas viandas y que me fijara como estaba toda la situación. Cuando llegue a ellos me insultaron, me pegaron y me arrojaron a un pozo, amenazándome de muerte. Yo les suplicaba que me soltaran y rogaba al Señor mi Dios por mi vida, más ellos endurecieron sus corazones y cuando pasó por allí una caravana de Ismaelitas, entonces me vendieron como esclavo. Ellos me trajeron a Egipto y Potifar, el capitán de la Guardia de Faraón me compro. Una vez en casa de Potifar, el Señor me dio gracia y favor delante de mi amo y él me puso como administrador sobre toda su casa. Cuando parecía que todo mejoraba, fui acusado por la esposa de Potifar de seducción y a pesar de ser inocente, fui puesto en la cárcel. Puesto que el administrador de la cárcel sabía que Dios había bendecido a Potifar al prosperar todo el trabajo de mis manos, él también me puso a cargo de la administración de la prisión. Yo me mantuve fiel al Dios de Abraham de Isaac y de Jacob y en consecuencia Él me bendijo y me prosperó aún estando prisionero.
Luego viene la parte de mi vida que tú ya conoces, el sueño de Faraón y como el Señor me volvió a bendecir, levantándome como su segundo, poniéndome sobre aquellos que me habían humillado como amo de ellos y más aún, te entregó a mi por esposa, para que mi copa esté rebosante y mi felicidad sea completa, ya que  eres la mujer más hermosa que hayan visto mis ojos”.
Dios es fiel, por eso  si a pesar de las situaciones complicadas, que a veces son inentendibles nos mantenemos fieles a Él, siempre vamos a ver Su Mano de poder y al final todo va a cambiar por que “Todas las cosas ayudan a bien a los que temen al Señor”.
 _________________________________________
[1] Zafnat-panea  quiere decir “El Salvador”.
[2] El cargo en un estado monárquico moderno (Reino Unido o España) sería 1° Ministro.

Comentarios

  1. un historia muy hermosa y real.

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  2. Esta es la recompensa que da a Dios a los que le temen...Una historia que sucedió muy hernmosa!!

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