El llamado de Dios es para progreso. By Fabian Massa



28 También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, 29 a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse. 
1° Co. 1.28 – 29 NVI.

Hay una tendencia en la Iglesia a malinterpretar este pasaje, usándolo para justificar el sentirse “vil y menospreciado” (por no haber superado aún su pasado de limitaciones, a pesar de haber entrado al Camino muchos años atrás). El pensamiento general es que  “a los viles, menospreciados, pobres, etc, son los que Dios llama”, mientras que los autosuperados o autosuficientes tienden a rechazar el llamado del evangelio.

Pero si leemos atentamente la Biblia, veremos que cuando Dios llama a un hombre es para llevarlo a una posición a la cual nunca podría haber accedido por sus propios medios y no para que permanezca “vil y menospreciado” de por vida. Así tenemos el caso de Adán, un hombre formado del polvo de la tierra (Sin padre ni madre, sin familia, sin historia, etc…) al cual Dios puso en Edén, para darle una posición de gobierno tota sobre la Creación.
En el Gen. 12.1  la Biblia narra cómo Dios llama a Abram para darle un propósito de grandeza:

«Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. »Haré de ti una nación grande,     y te bendeciré; haré famoso tu *nombre,     y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan     y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas     todas las familias de la tierra!» Gen. 12.1 – 3 NVI

Abram (Dios es excelso; o padre exaltado) fue transformado en Abraham, padre de una multitud[1]. Él era un hacendado millonario de Uruk en Irak hacia el 2200 a.C. pero de no ser por el llamado de Dios (que él escucho y obedeció) su vida no hubiera trascendido su tiempo, tal cual reza la Escritura:
15 El hombre, como la hierba son sus días; Florece como la flor del campo, 16 Que pasó el viento por ella, y pereció, Y su lugar no la conocerá más. Sal. 103.15-16 RV60

Sin embargo al cumplir el llamado de Dios, su vida tomó otro valor, y nos ha dejado un legado de bendición, de acuerdo a la promesa del Señor: ¡Por medio de ti serán bendecidas  todas las familias de la tierra!»
Pablo de Tarso era un fariseo de muy buena posición social y económica. Pero de no ser por el llamado del Señor, tampoco hubiera trascendido su tiempo. Sin embargo él fue un “Instrumento escogido[2]” en las manos del Señor y por su ministerio nace la Iglesia de los Gentiles.

Lo mismo podemos decir de Jesús, en el post “Historias de Familia[3]”Jesús tuvo una historia de familia con sus altas y bajas, además su entorno familiar y social era muy pobre. Sin embargo Él se superó, como dice Lucas (2.52): “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” y a los doce años de edad, discutía los asunto de la Escritura con los sabios y los doctores de la Ley[4]. Y Jesús desarrolló su ministerio y cumplió con su llamado dándonos a todos la Salvación de nuestras almas.

El llamado de Dios es para romper con un pasado de fracaso y animarnos a construir un presente y un futuro glorioso en Él.

No importa tu historia, ni tu pasado, ni tus limitaciones. En Cristo somos hechos nueva criatura, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas[5]. Es necesario creerlo y trabajar en ello.


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