Jesús y su amor por los perdidos. Sobre una reflexión del Pastor Menny Escobar

Apertura del Culto del 10/08/2013 [1]

 1.      Introducción.

El pastor Menny comenzó su disertación comentándonos que siempre le llamó poderosamente la atención la pasión de Jesús por los perdidos.
Así tenemos tres enseñanzas del Maestro que hablan del amor de Dios, recopiladas por Lucas en su evangelio (capítulo 15):

a.       La parábola de la moneda perdida
b.      La parábola de la oveja perdida
c.       La parábola del hijo prodigo, que era un hijo perdido

Cuando pecamos, nos sentimos mal y avergonzados. Nos remuerde la conciencia haberle fallado a Dios cayendo en esas cosas viejas que le hemos prometido muchas veces no volver a hacer. El enemigo aprovecha esta situación para intentar apartarnos definitivamente del Señor. ¿Cuántas veces en esos momentos de vergüenza, de sentirse un cristiano fracasado, han venido esos pensamientos negativos de parte del enemigo? Pensamientos tales como “Tu no sirves para ser cristiano”; “Dios ya no te ama”, “Dios te dará la espalda porque has fallado”, ”Esta si que no te la van a perdonar”. Pero estas son mentiras del enemigo.

En las tres parábolas de “Lo Perdido” en Lucas 15, Jesús nos dice que en los momentos de nuestra mayor oscuridad es cuando Él nos busca más intensamente, porque no acepta perder a ninguna de sus ovejas.

“Jesús es el Buen Pastor, que ha dado su vida por las ovejas”

Cuando nosotros nos arrepentimos de nuestros pecados, (gracias a la obra del Espíritu Santo) recibimos el perdón de Jesús. El siempre nos está esperando con sus brazos abiertos y guarda para nosotros bendiciones. Sus planes y propósitos siempre estarán vigentes para los que vuelven al Camino.

"Los propósitos de Dios no tienen vencimiento"

2.       Parábola del hijo pródigo

El pastor Menny realizó  una paráfrasis de la historia del hijo pródigo (Lucas 15.3 – 7) La historia cuenta que un padre tenía dos hijos y que un día el menor de ellos se cansó de vivir en la casa de su padre (es decir, conforme a las normas que su padre establecía) Así que, exigió su parte de la herencia y se marcho de su casa y se fue a un país lejano para vivir una vida de desenfreno y placeres, (que duró mientras tuvo dinero). De manera que, cuando se le acabaron los recursos se encontró solo, lejos de casa, arruinado económicamente a tal punto que tomó el primer trabajo que encontró: Cuidar cerdos. Un trabajo que solo hacían los de las clases más bajas de la sociedad de ese país.
Estaba pobre, solo  y tan hambriento que hasta la comida de los animales le parecía apetecible. Y en ese momento de profundo fracaso, ese joven tomó conciencia de lo que había perdido al dejar la casa de su padre y dijo:” ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre, volveré con mi familia, le pediré perdón a mi papá y le pediré que me de trabajo como a jornalero.”Entonces emprendió el regreso.

¿Cómo se habrá sentido el padre? De la lectura del versículo veinte podemos deducir que ese hombre estaba ansioso por ver volver a su hijo más joven. Probablemente miraría varias veces al día el camino, esperando ver el momento del regreso. El pastor comentó que el llamaría a esta porción de la Escritura “La Parábola del Padre Amoroso”. ¡Ese padre no estaba enojado esperando el momento de castigar duramente a su hijo! ¡Él esperaba el tiempo de recibirlo nuevamente, perdonarlo y restaurarlo a su posición!
Leamos el pasaje:


»Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. 21 El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo.”[c] 22 Pero el padre ordenó a sus *siervos: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 23 Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. 24 Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.” Así que empezaron a hacer fiesta. Lucas 15.20 – 24, NVI.


Esta parábola es una figura de lo que pasa en la realidad espiritual: “Dios es ese Padre amoroso, que está esperando siempre que sus hijos perdidos se arrepientan y decidan “Volver a casa”. Dios está esperándonos para darnos ese abrazo, para limpiarnos y restaurarnos a la categoría de Hijos”




[1] Staff pastoral de la Iglesia Rey de Reyes de Belgrano, Buenos Aires – Argentina. 

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