La Santificación. By Pastor Osvaldo Ripoll


Para comenzar con este tema es necesario aclarar algunos sinónimos y el significado claro del vocablo santificación.

Primeramente veamos que las palabras santificación, santidad, consagración, son sinónimos; lo son también santificado y santo. Examinemos entonces el vocablo santo:

Santo es un vocablo descriptivo de la naturaleza divina (naturaleza de Dios). Su significado original es el de separación; por lo tanto, la santidad representa aquello en Dios que lo hace separado de todo lo terreno y humano, es decir, su absoluta perfección moral y majestad divina. Cuando el Santo (Dios) quiere emplear a una persona para su servicio, lo separa del uso común, y en virtud de esta separación, la persona se convierte en santo. Esto nos representa claramente y es de lo que debemos disfrutar cada día, ser elegidos y separados por  Nuestro Señor para su total e incondicional servicio.

La santificación incluye tanto la separación, como la dedicación a algo. Esta es la condición del creyente, que al ser separado del pecado y del mundo, es hecho participante de la naturaleza de Dios, por lo tanto consagrado a la comunión (unión común) y servicio al Creador por medio del Mediador (Cristo). En resumidas cuentas, fuimos separados para adorarlo y servirlo; y en un segundo plano para ser beneficiados por sus añadiduras (bienestar económico, laborar, etc). Debe quedar claro que fuimos entonces, elegidos y apartados por Dios para alabanza de su nombre,  para estar a su servicio y no para que Él este sujeto a nuestros caprichos.
Ya hemos visto que santo significa separado para el servicio, esto incluye una purificación o limpieza por parte del mismo Dios por medio de la sangre de Jesús que fue derramada por cada uno de nosotros. Pero este es el momento para comenzar a ver algunos versículos que nos darán una mejor visión de la situación:

22 Absteneos de toda especie de mal. 23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. 1 Tesalonicenses 5:22 – 24 RV 1960

25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Efesios 5: 25 – 27 RV 1960

14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Juan 17: 14 – 21 RV 1960

Luego de estas lecturas entendemos que la santificación se produce por la Sangre de Cristo, el Espíritu Santo y la Palabra de Dios. Pero todo esto que el Señor pone a nuestro alcance, depende en su efectividad totalmente de nosotros, ¿por qué?, la respuesta es simple: es nuestra decisión el creer que Jesús murió por nuestras faltas y pecados siendo el Hijo del Dios Todopoderoso perfecto y sin mancha. Esto quiere decir como hemos visto en escritos anteriores, que un inocente pagó por nuestras culpas y cumplió la condena que nosotros merecíamos.

Para concluir necesitamos comprender que hay una santificación inmediata, que es producida por el Espíritu Santo al darnos la convicción de nuestro peor pecado (si es que se pueden catalogar), que es no haber reconocido anteriormente a Dios como Creador y al Señor como nuestro Salvador. A esto lo sigue una santificación progresiva por medio de la lectura y comprensión de las Santas Escrituras, las cuales a través de la ayuda del Espíritu Santo nos confronta  tal cual lo haría un espejo al mirarnos en el.

 19 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; 20 porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. 21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. 22 Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1: 19 – 25 RV 1960

Hermosas palabras las de Santiago, para que agregar más, hablan por sí solas. Seamos hacedores de la Palabra de Dios caminando cada día por el sendero de la Santificación, con la firme esperanza de alcanzar la vida eterna junto a nuestro Señor Jesucristo.


Dios los Bendiga en abundante sabiduría

Pastor Osvaldo Ripoll


There is Life in Jesus Church, Vicente López, Buenos Aires, Argentina.

www.facebook.com/hayvidaenjesus?fref=ts



Comentarios

Entradas populares de este blog

Reflexión. La parábola de las 10 vírgenes. By Fabian Massa

NEWS. Второй зверь. By Fabian Massa.

Reflexión. El primer discurso de Pedro y la conversión de los 3.000. By Fabian Massa.