Reflexión. Cruzando el Jordán, by Fabian Massa.


En el capítulo IV libro de Josué, se narra uno de los hitos más importantes en la historia de Israel: La entrada en Canaán.

El Señor separó las aguas del río Jordán y el pueblo paso en seco de la región semidesértica de Moab (actual Jordania) al territorio que hoy se conoce como Palestina. Son muchos los puntos que se pueden señalar de este acontecimiento: El cambio de territorio estaba asociado a un status distinto, a partir de ahora Israel comería de lo que produjera, Dios ya no le enviaría el maná cada día, digamos que como Pueblo estaba dejando de ser una especie de “niño de crianza” para crecer a “una joven Nación” capaz de asumir el ser responsables en base a la fe, la fidelidad a Dios, el trabajo y el esfuerzo en unidad.

Dios estaba con ellos dándole muestras de su poder y favor: Abrió las aguas del Jordán y luego les dio una estrategia para tomar la ciudad de Jericó.

Si bien los israelitas habían tenido sus guerras en el pasado: contra los Madianitas (Num 31) contra Hesbón rey de Sijón y Og , rey de Basán (en Transjordania frente a Jericó, Deuteronomio 2 y 3 respectivamente). Israel no tenía un “Ejército profesional” sino que los hombres entre 22 y 50 años se armaban y entrenaban para la guerra. Israel no tenía capacidad ni chance para luchar contra Jericó, cuyas murallas “llegaban al Cielo”:
De acuerdo con el trabajo del arqueólogo John Garstang, (bajo el  auspicio de Palestine Exploration Fund, excavó el Tell donde se encuentran las ruinas de Jericó desde 1930-1936. El mérito principal de Garstang consiste en haber trazado la evolución histórica de la ciudad. Fue el primero en querer corroborar el relato bíblico de la caída de los muros de Jericó con las pruebas arqueológicas. 

En efecto, su investigación se concentró en el impresionante sistema de fortificaciones de Jericó, compuesto por un muro de retención de piedra, de unos cinco metros de altura; una muralla de ladrillos de unos 2 metros y medio, levantada encima y fortalecida por detrás por un murallón de tierra; y otra muralla más que rodeaba la ciudad. Entre ambas murallas había indicios de estructuras domésticas o casas, que eran consistentes con la descripción que se hace de la casa de Rahab (Josué 2:15). Tal defensa solo podía ser destruida por un ejército que tuviera lo que hoy se conoce como “Ingenieros de combate”, que se especializan en la construcción de rampas, caminos, puentes, la excavación de túneles para minar las murallas, el desvío de cursos de agua para producir inundaciones etc. Israel no tenía nada de esto. Pero Dios les dio una estrategia: Caminar en completo silencia una vez al día rodeando toda la ciudad, durante seis días. Al séptimo día dar siete vueltas a la ciudad y en el último momento gritar todos juntos con todas las fuerzas mientras los sacerdotes tocaban sus instrumentos (Josué 6).

Desde el punto de vista de la estrategia de la guerra, esto es un verdadero disparate. Pero desde el punto de vista de la fe, una gran enseñanza:

1.       Cuando se enfrente a un “imposible” primeramente busque el consejo de Dios, es Él quien da las estrategias que nunca fallan.

2.       Aunque el objetivo sea grande e inasequible, tómese el trabajo de no perderlo de vista. Dele vueltas al asunto hasta que Dios le muestre el momento oportuno en que Él derribe las “murallas” para que Ud. pueda avanzar.

3.       En el tiempo que deba dar vueltas a su objetivo, procure tener la boca cerrada a toda queja o lamento. Preferiblemente declare la ayuda del Señor en el tiempo justo.

4.       Alabe constantemente al Señor, sabiendo que en algún momento lo que es imposible ya no lo será.

Según la investigación de Garstang los muros habían caído de adentro hacia afuera. Esto era un detalle muy notable, porque cuando son atacadas las ciudades, los muros caen hacia adentro, y no hacia fuera.

Dios es quien nos hace ganar las batallas. No se rinda. Persevere en fe y oración. Que Dios los bendiga y les dé victoria sobre todo imposible.











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