Reflexión. Las Bienaventuranzas. Sobre Mateo 4.23 a 5.12. By Fabian Massa.


La Semana 70 comparte con nosotros: Las Bienaventuranzas.

Jesús y sus discípulos estaban de campaña en Galilea, recorría las sinagogas enseñando y anunciando “las buenas nuevas” del Reino de Dios. En los días de la semana sanaba a toda enfermedad y dolencia entre la gente. La fama de Jesús se extendió rápidamente por todas las regiones vecinas: Siria, Decápolis, Galilea, Jerusalén y Judea. Las personas que tenían familiares enfermos o turbados mentalmente los traían a Él para que los sanase[1].
Llegando a cierto lugar, vio a las multitudes, entonces subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron,  y tomando él la palabra, comenzó a enseñarles diciendo:


3 «Dichosos los pobres en espíritu,    porque el reino de los cielos les pertenece.4 Dichosos los que lloran,    porque serán consolados.5 Dichosos los humildes,    porque recibirán la tierra como herencia.6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,    porque serán saciados.7 Dichosos los compasivos,    porque serán tratados con compasión.8 Dichosos los de corazón limpio,    porque ellos verán a Dios.9 Dichosos los que trabajan por la paz,    porque serán llamados hijos de Dios.10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,    porque el reino de los cielos les pertenece.
11 »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes. Mateo 5.1-12 NVI


Jesús miraba la multitud, en su mayoría gente con necesidades de todo tipo desde las económicas a la falta de salud, pasando por la falta de medios, de trabajo, de pan, de educación, de justicia social, de amor, de fe y de esperanza.

3 «Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Los pobres de espíritu, son aquellos que dependen de Dios, porque no pueden o no saben hacer nada por sí mismos para modificar la situación.

4 Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Los que lloran su dolor sin pensar en la venganza, sin odio ni rencor…solo lloran como los que han perdido a seres queridos, como sucedió con el Ferry de Corea o las batallas campales en Ucrania.

 5 Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. Los pobres, los olvidados del “Sistema” los que elevan su mirada al Cielo, pidiéndole a Dios misericordia y una salida.

Jesús miraba esa multitud e identificaba a cada grupo, al pobre, al que había sido tratado injustamente, al pacificador, a los compasivos, a los de corazón limpio, a los que trabajan a favor de la paz, a los perseguidos por querer hacer justicia. Desde la ladera del monte donde estaba sentado, Él veía a cada persona, su historia y también su corazón.


11 »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes. También les dejó un mensaje de esperanza a aquellos que sufrían persecución por causa de su fe en Él. Hoy persiguen a los cristianos en muchas partes del Mundo, para Uds. también es esta palabra, es tan importante y cierto lo que tenemos en Dios, que para ellos justifica el matarnos.

Dios ve todo y a todos y sabe lo que hay en cada corazón. No pierdas la fe, no pierdas la esperanza, no renuncies a tus sueños. Mira al Cielo y pide en oración, Dios ve y escucha.
Los que sufren injusticias, recibirán serán reconfortados por el Señor, por eso son bienaventurados. Los que causan los dolores, serán juzgados por Él.


La Semana 70 está por comenzar. ¿Estamos listos?

_______________________

[1] Mateo 4.23-25


Comentarios

Entradas populares de este blog

NEWS. Второй зверь. By Fabian Massa.

Reflexión. La parábola de las 10 vírgenes. By Fabian Massa

Reflexión. El primer discurso de Pedro y la conversión de los 3.000. By Fabian Massa.