Reflexión. Necesitamos volvernos a Dios. By Pastor Adrián Pablos.



La Semana 70 comparte con nosotros: Necesitamos volvernos a Dios.

¿Tal vez me esté olvidando algo en el camino de estas líneas?

Como es sabido, la gran mayoría de nosotros venimos de una crianza y costumbres católicas, donde la relación con Dios se basa en los pedidos y sacrificios personales, pero esta realidad es más que distante comparada con una verdadera relación personal con el Creador y una vida en Santidad. Nos enseñaron a cambiarle al Señor “favor por favor”….

Focalizamos nuestra comunicación con Dios en base a sus respuestas ante nuestras demandas y nos entristecemos cuando Él no nos contesta algo, que puede ser material, familiar, económico, etc.

Nos deprimimos con frecuencia y  sentimos frustración porque vemos que nuestros sueños no se cumplen en el tiempo y forma que creemos exactos en nuestra vana sabiduría humana. En estos momentos es cuando comenzamos a comparamos con otros dentro de la congregación y generalmente notamos como “Dios a ellos les cumple sus peticiones”. Esto se traduce generalmente en un enojo que deriva en un tipo de oración caprichosa y demandante “Señor dame, dame, dame…” Debido a la forma en que fuimos enseñados a tomar la “religión” costumbrista dominical, perdemos el eje de atención en la importancia de rendirle Culto a Dios cada semana y podríamos comenzar a realizar esta actividad como una rutina más dentro de nuestras atareadas vidas. Olvidamos que rendir culto significa demostrar amor incondicional y concurrimos de manera supersticiosa para que todo nos salga bien durante la semana.

Entre otros puntos, hombres con estas mismas inquietudes, se plantaron delante del colosal sistema clerical de la antigüedad. Personalidades como la de Menno Simonnis, nacido en Holanda en el año 1496, el cual viendo como eran martirizados hombres y mujeres que solo tenían en sus corazones la búsqueda sana y verdadera de la presencia de Dios en obediencia; se suma a un movimiento reformador (anabptista) en el cual se destacaría y sería uno de los pilares fundamentales. Este y muchos otros dejaron sus vidas en la lucha pacífica, como es este caso, y en lucha violenta, como lo fue en otros; para que de una vez por todas el Culto a Nuestro Señor sea sano, personal y verdadero.

¿Al comienzo del escrito cité al catolicismo?, ¿tal vez me este olvidando algo en el camino de estas líneas?...
Vivimos en un tiempo que en muchas congregaciones y denominaciones “protestantes”, tal vez el Culto al Todopoderoso se minimizó al “cultito” cómodo de venga y reciba…

¿Habremos permitido que el congregarnos para alabar a nuestro Rey se transformara en venga y alabe a “Papá Noel”?, ¿transformamos a tal punto nuestra relación con el Padre que lo  obligamos a hacernos exitosos?, ¿transformamos a tal punto nuestra relación con el Padre que en “grandes” declaraciones, decretos y demás exaltaciones del yo, dejamos de lado al Creador?, transformamos a tal punto nuestra relación con el Padre que en vez de seguirlo a Él, seguimos a “grandes hombres de Dios”?, ¿transformamos a tal punto nuestra relación con el Padre, que las iglesias son de “tal o cual”, pero de Cristo no hay noticias?, ¿transformamos a tal punto nuestra relación con el Padre, que la añadidura ha dejado de serlo, para ser el motor de nuestra creencia?, ¿ transformamos a tal punto nuestra relación con el Padre, que los testimonios que mas se aplauden son los de haber encontrado dinero de forma “milagrosa”?

Será que hemos llegado a un punto en el cual deberíamos comenzar con una reforma radical de las costumbres protestantes, tendríamos que acercarnos nuevamente a la verdadera y sana doctrina dictada por Nuestro Dios. Un tiempo en el cual, ni la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, ni la de los mártires de la iglesia primitiva, como así tampoco de la reformada sea pisoteada por “grandes fiestas” al dios de las riquezas el cual casi no habla de un compromiso genuino, ni un verdadero propósito eterno.
Tal vez sería de provecho repasar el motivo por el cual nos congregamos y por el cual muchos verdaderos hombres de Dios dejaron sus vidas en muertes crueles para que la humanidad entera disfrute de una sincera relación con Dios.

Nos reunimos en cada culto para agradecer y alabar al Señor por lo siguiente:
Salvación de nuestra alma.
Perdón de nuestros pecados.
Por el precio que pagó Jesús por cada uno de nosotros.
Por habernos hecho hijos suyos.
Acceso al lugar santísimo sin intermediarios y estar en su misma presencia.
Por su misericordia hacia nosotros.
Libertad para vivir en la verdad.
Revelación de las escrituras.
Sabiduría en abundancia
Paz sobrenatural.
Por plasmar por medio de su Espíritu Santo un arrepentimiento genuino en nosotros.
Por lo frutos del Espíritu manifestados en nuestras vidas.


Adrián Esteban Pablos.



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