Reflexión. Un Reino de Sacerdotes al servicio de Dios el Padre, parte II. By Fabian Massa.


Cómo vimos en la parte I[1], de acuerdo con lo que manifiesta Juan en Apocalipsis 1.7 Jesús hizo de nosotros un “Reino de Sacerdotes para Dios el Padre”. Los primeros llamados a ejercer este sacerdocio fueron los judíos, a quienes Dios mismo les anuncia por intermedio de Moisés:
Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.
Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.
Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. Ex.19.5-7 RV60 

El caso es que los judíos, por varias razones, perdieron la ocasión de conformar dicho reino sacerdotal y por defecto nosotros tenemos ahora esa oportunidad, como bien entendió Pedro (1 Pedro 2, NVI):
Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,
vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Para ejercer este sacerdocio necesitamos ser edificados, ser santos (apartados) y el fin es ofrecer sacrificios espirituales. Pedro continúa enseñando:
Para ustedes los creyentes, esta piedra es preciosa; pero para los incrédulos,
«la piedra que desecharon los constructores

    ha llegado a ser la piedra angular»,[2]
    y una roca que hace *caer.»[3]


y también: (para los que no creyeron en su Nombre)
«una piedra de *tropiezo


Pero a los que creímos en Su Nombre, Dios nos ha dado el derecho de ser hechos Hijos de Dios (Juan 1.12), el haber creído nos pone en esta posición:

Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. 10 Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido. 1 Pedro 2.9-10 NVI.
Ahora bien, lo primero que viene a la mente es que este sacerdocio debe ser ejercido en la Iglesia. Muchos lo entienden y enseñan así, pasando a ser de esta manera lo más importante las actividades dentro de las cuatro paredes de la Iglesia. Pero esto es un error, porque el único propósito de la Iglesia es enseñar a los miembros a ser sacerdotes de sus casas, a ministrar primeramente a sus familias.

Poco importante es que nos portemos como buenos cristianos únicamente en las reuniones de la Iglesia, en cambio es vital para nuestra salvación si vivimos nuestra vida conforme al evangelio: La Iglesia es un lugar donde ir a dar culto a Dios y a tomar de Él para poder ejercer el ministerio en nuestras casas.

Por eso dice la Escritura: 3 Se dice, y es verdad, que si alguno desea ser *obispo, a noble función aspira. Así que el obispo debe ser intachable, esposo de una sola mujer, moderado, sensato, respetable, hospitalario, capaz de enseñar; no debe ser borracho ni pendenciero, ni amigo del dinero, sino amable y apacible. Debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto; porque el que no sabe gobernar su propia familia, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?(1 Timoteo 3.1-5, NVI)
Capaz de enseñar, para poder enseñar primero necesitamos aprender, estudiar y practicar. Se aprende en la Iglesia pero se estudia en casa y se practica en la vida. Estar de lunes a lunes en la iglesia no lo va a convertir en sacerdote de su casa, primeramente porque no se aprende por ósmosis, sino abriendo la Biblia y segundo, porque mal puede ser ejemplo para su familia si no lo ven nunca.

Para poder llegar a algo en cualquier cosa que queramos emprender, tenemos que tener en claro cuales con las prioridades. Como dice el refrán: “No se puede estar en la misa y en la procesión”

Si lo que queremos hacer tiene que ver con las cosas del Señor, lo primero son sus intereses, y claramente su propósito es que el sacerdote enseñe, interceda, ore y presente sacrificios espirituales aceptables a Dios primeramente por sí mismo y en segundo lugar por su familia  y recién una vez hecho esto podemos anhelar servir al pueblo de Dios.

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