Reflexión. Los Super Apóstoles y los zapatos de Francisco. By Fabian Massa.



La humildad es una cualidad o característica humana que es atribuida a toda persona que se considere un ser pequeño e insignificante frente a lo trascendente de su existencia o a Dios según si se habla en términos teológicos. Una persona humilde generalmente ha de ser modesta y vivir sin mayores pretensiones: alguien que no piensa que él o ella es mejor o más importante que otros. El concepto de la humildad en varias confesiones es a menudo mucho más exacto y extenso. La humildad no debe ser confundida con la humillación, que es el acto de hacer experimentar en algún otro o en uno mismo una avergonzante sensación, y que es algo totalmente diferente. Para el cristianismo la mayor persona humilde fue Jesús que siendo el más rico de todos se hizo pobre y nació en un pesebre y siendo el más importante murió en una cruz[1].


Todo Ministro cristiano tiene (o tendría) que tener a Cristo como modelo, ya que su vida era una prédica de humildad[2]: No buscó lo suyo, no comercializó su sabiduría, ni sus milagros. No hizo alarde de su unción, no organizó campañas de Milagros. No hizo ostentación de poder, ni de riqueza, ni de nada. No buscó de predicar para obtener un beneficio o un reconocimiento.

No eligió su público, ni pretendió grandes escenarios. Lo seguían las multitudes, pero no se sirvió de ellas.

Siempre enseño a buscar la Verdad en La Palabra, no hablaba de grandes beneficios materiales sino de Salvación.

¡¡Cómo contrasta esto con el Evangelio de la Prosperidad de los Superministros!!, los Apóstoles y los Ungidos, que organizan tremendas campañas de milagros, donde prometen tsunamis de bendiciones a los que entren en El Camino. El mensaje central de sus predicas es: “Venga a buscar su milagro” y la palabra latiguillo es “Recibe” repetida hasta el cansancio.

Se presentan vestidos como príncipes, la riqueza y la ostentación son un “reflejo” de su estado de bendición. Su prosperidad económico financiera es una "Consecuencia de su Unción”.

Sin embargo ninguno de estos Super-Apóstoles tiene un Ministerio tan grande ni tan rico como Francisco I, que con sus zapatos da un ejemplo de humildad a los “Ungidos”.

Humildad también es aprender de aquellos con los que no comulgamos. La Semana 70 está por comenzar, ¿estamos listos?


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