Reflexión. Profecía sobre la muerte del Mesías. By Fabian Massa.



En el post *El propósito del Mensaje Profético[1] vimos que las profecías se pueden dividir en tres grandes grupos:

1.      Las que profetizaban al Mesías y las circunstancias de su venida, su  ministerio, ámbito, carácter, su entorno familiar, político y económico, el tiempo de su llegada y hasta su nombre.

2.     Las que hablan del rapto de la Iglesia y del Día de la Ira de Dios

3.     Las que hablan del Milenio de Cristo.

Hoy quiero compartir con Uds. la profecía de la muerte del Mesías, la cual la podemos hallar escrita en Isaías 53 Nueva Traducción Viviente (NTV)[2] Isaías escribió esta profecía a fines del siglo VIII a. C. Es decir que profetizo sobre la muerte de Jesús 750 años antes de que naciera.

1 ¿Quién ha creído nuestro mensaje?
    ¿A quién ha revelado el Señor su brazo poderoso?
El mensaje de Cristo, ¿cuántos creyeron en su tiempo? Pocos verdaderamente.

Mi siervo creció en la presencia del Señor como un tierno brote verde;
    como raíz en tierra seca.
Una raíz en tierra seca tiene una vida dura. Cristo nació en Belén de Judá, que era verdaderamente pequeña (Cf. Miqueas 5.2) y luego la familia se mudó a Nazaret, que era tan pobre que los comerciantes ambulantes la esquivaban, Natanael se refiere a ella como una ciudad de la cual no podía salir nada bueno (Juan 1.46)

No había nada hermoso ni majestuoso en su aspecto,
    nada que nos atrajera hacia él.
La referencia es al aspecto físico, un hombre sin atractivos. Por eso no se entiende que todas las representaciones lo pinten buen mozo, rubio y de ojos azules.

Fue despreciado y rechazado:
    hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo.
Nosotros le dimos la espalda y desviamos la mirada;
    fue despreciado, y no nos importó.
Jesús murió en la cruz y solo Juan y María y algunos pocos lo acompañaron. La profecía así lo había anunciado por el profeta Zacarías (12.4) y Jesús mismo da fe de que esto se cumpliría ( Mateo 26.31 y Marcos 14.27): Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas”.

4 Sin embargo, fueron nuestras debilidades las que él cargó;
    fueron nuestros dolores los que lo agobiaron.
Y pensamos que sus dificultades eran un castigo de Dios;
    ¡un castigo por sus propios pecados!
5 Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones
    y aplastado por nuestros pecados.
Literalmente traspasado: Clavaron sus manos y sus pies y finalmente le clavaron una lanza en su costado. (Juan 19.34; 20.25). Fue golpeado para que nosotros estuviéramos en paz; fue azotado para que pudiéramos ser sanados.
Los religiosos y la mayoría de las personas cuando vieron a Jesús en la cruz, relacionaron el hecho con un castigo de Dios, seguramente “por su mala vida”. Pero la Escritura explica que no fue por su maldad (que no la tenía) sino por la nuestra.

Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas;
    hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros.
Sin embargo, el Señor puso sobre él
    los pecados de todos nosotros.
Dios en su misericordia, cargó sobre Jesús nuestras maldades, pecados y rebeliones.

Fue oprimido y tratado con crueldad,
    sin embargo, no dijo ni una sola palabra.
Como cordero fue llevado al matadero.
    Y como oveja en silencio ante sus trasquiladores,
    no abrió su boca.
Jesús no se defendió en las parodias de “Juicios” que le hicieron, por eso dice no dijo ni una sola palabra. Como cordero fue llevado al matadero. Ya estaba acordado entre los religiosos del Templo que Jesús debía morir, los “juicios” fueron solo una pantomima para darle una apariencia de legalidad.

Al ser condenado injustamente,
    se lo llevaron.
A nadie le importó que muriera sin descendientes;
    ni que le quitaran la vida a mitad de camino.
Este párrafo le quita peso a todas las fantasías del tipo “El Código Da Vinci”.

Pero lo hirieron de muerte
    por la rebelión de mi pueblo.
Él no había hecho nada malo,
    y jamás había engañado a nadie.
Pero fue enterrado como un criminal;

    fue puesto en la tumba de un hombre rico.

Si bien murió entre dos malhechores, sus restos fueron depositados en un sepulcro nuevo, perteneciente a la adinerada familia de José de Arimatea (Juan 19.38) quien envolvió  su cuerpo en lino fino, mientras que  Nicodemo llevó caros ungüentos (Juan 19.39) .

10 Formaba parte del buen plan del Señor aplastarlo
    y causarle dolor.
Sin embargo, cuando su vida sea entregada en ofrenda por el pecado,
    tendrá muchos descendientes.
Sus descendientes, somos todos los discípulos.

Disfrutará de una larga vida,
    y en sus manos el buen plan del Señor prosperará.
11 Cuando vea todo lo que se logró mediante su angustia,
    quedará satisfecho.
Y a causa de lo que sufrió,
    mi siervo justo hará posible
que muchos sean contados entre los justos,
    porque él cargará con todos los pecados de ellos.
12 Yo le rendiré los honores de un soldado victorioso,
    porque se expuso a la muerte.
Fue contado entre los rebeldes.
    Cargó con los pecados de muchos e intercedió por los transgresores.

El Cristo resucitó y ahora vive para siempre y gracias a su sacrificio hoy tenemos esperanza. Ver los textos desde la perspectiva profética da otra dimensión a la Escritura y nos abre el entendimiento.


La Semana 70 está por comenzar. Entender el Mensaje profético es de suma importancia.







Mensaje Profético - Profecía de la Muerte del Mesías



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